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Parquet, tarima flotante, suelo laminado…. ¿Cuáles son las diferencias?

En este post se pretende aclarar las diferencias más notables entre estos tipos de pavimentos. Pavimentos como son la tarima, el parquet o el suelo laminado. Es frecuente la confusión que generan conceptos parecidos sobre materiales diferentes.

La Tarima

En puridad la palabra tarima corresponde a los pavimentos de madera. Tradicionalmente eran maderas de cierto grosor (no menos de 10 mm), cuya colocación era, o bien pegada a un soporte perfectamente plano (el “parquet” tradicional), o bien clavada a unos rastreles previamente colocados (la tarima propiamente dicha, de mayor grosor que el parquet, unos 20 mm aproximadamente). Si bien puede haber muchas variedades, en líneas generales tanto el parquet como la tarima son pavimentos de gran calidad y calidez.

El principal inconveniente es que resultan pavimentos delicados, relativamente fáciles de arañar o decolorar. Eso sí, cuando ya están relativamente deteriorados se pueden volver a  lijar y barnizar recuperando su aspecto original. Y lógicamente, cuanto más grosor tiene la madera, mayor número de lijados se pueden realizar.

Otro problema es que, al ser la madera un material vivo, los cambios de temperatura y humedad le afectan y provocan pequeñas contracciones, que con el tiempo se convierten en juntas abiertas de difícil solución.

Ya hace unos diez años que en España estos pavimentos dejaron de colocarse a gran escala. Fueron progresivamente sustituidos por las tarimas flotantes. Lo cual no quiere decir que no se sigan colocando (pues indudablemente son pavimentos de alta calidad), pero generalmente sólo en obras puntuales.

El sustituto de la tarima y del parquet ha sido la tarima flotante. La palabra flotante en principio sólo hace referencia a la colocación. Flotante porque se coloca encima de un soporte plano (que puede ser un pavimento preexistente), pero sin pegar ni clavar. Simplemente van encima (con un pequeño foam de separación). Son paneles de entre 180 y 200 mm de longitud  por  15 a 25 mm de ancho, que se van ensamblando entre sí formando un todo homogéneo y compacto.

Cambios de la madera

Pero no sólo ha cambiado la colocación, también la madera en sí ha experimentado un cambio notable. Ya no es una madera compacta, sino una pieza multicapa compuesta por una base inferior de estabilización o tablero con dos o más capas de madera base tipo contrachapado o similar. Siendo sólo la última capa de madera noble, que será la que dé el aspecto, textura y color del producto.

El grosor total es de 12 a 16 mm, pero a diferencia de los sistemas tradicionales, la capa de madera noble es sólo de entre 2 y 6 mm.  Por tanto puede parecer de poca ca

lidad si la comparamos con las antiguas tarimas. Todo lo contrario, ya que en la fabricación se aplican unos procesos de barnizado que mejoran los de obra de las tarimas convencionales. Las mejoran tanto por su calidad como por el número de capas aplicadas. El producto final tiene más dureza y resistencia que en el sistema tradicional.

Y esto es la tarima flotante. Ventaja, su gran calidad. Inconveniente, que sólo se puede lijar una o dos veces por el escaso espesor de la madera noble.  Inconveniente relativo pues puede durar muchos años antes de que sea necesario lijarla de nuevo. Como en todo, hay en el mercado gran cantidad de grosores, acabados y calidades.

¿Y qué es el suelo laminado?

Pues es el mismo sistema, la misma colocación, dimensiones parecidas (las piezas suelen ser algo más pequeñas). Al igual que la tarima, resulta un pavimento cálido y muy duradero. PERO EL MATERIAL NO ES MADERA SINO MATERIAL SINTÉTICO. Y su estética, aunque parecida porque imita a la madera, no es la misma.

Las capas que conforman cada pieza son normalmente derivados de la madera de gran densidad tipo DM, siendo la capa de terminación un compuesto sintético de resinas prensadas a alta presión. Al ser un producto artificial admite todo tipo de acabados, por lo que habitualmente se encuentran imitaciones a todo tipo de maderas.

Hay varias calidades, pero principalmente nos debemos fijar en la resistencia a la abrasión, según la cual se dividen en cinco calidades, que son las siguientes enumeradas de peor a mejor: AC-1, AC-2, AC-3, AC-4 y AC-5. La categoría mínima recomendada para viviendas es AC-3  (uso normal), siendo la categoría AC-4 recomendada para locales comerciales (uso elevado) y la categoría AC-5 para usos intensivo (como centros comerciales).

En general es un material más duro que la madera y que resiste mejor los golpes o arañazos (ante los que se comporta de manera excepcional), y también las manchas. Su principal enemigo (como sucede con la madera) es la humedad. Por ello, cuando se utilice agua para su limpieza, el trapo o fregona deberán estar sólo humedecidos y bien escurridos, evitando el goteo.

Un único punto débil

El punto débil de estos pavimentos son las juntas, que es por donde más fácil resulta que se puedan astillar. Se puede astillar por un golpe o dañar por humedades en el hogar, pudiendo llegar incluso a abrirse o arquearse. En este concreto punto es donde pueden tener algún tipo de problema las calidades más económicas. Punto a tener en cuenta porque además la reparación no siempre es posible.

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